Acción guiada y acción pensada

Una mañana me levanté con una idea en mente

Casi 30 años. Nací y morí, volví a nacer, morí nuevamente y me anclé a la vida: hoy estoy presente y en un ciclo sin fin de transformación y reestructuración y es por eso que decidí darle luz verde a la idea de publicar mis pensamientos dentro de mi nueva web.

Desde la bed-office te hablo mientras recorro internamente este día lunes en el que puedo decir que fue un buen comienzo de semana. Últimamente son muy lindos mis días, percibo que encontré un equilibrio entre mi vida personal y profesional, como nunca antes.

Por un lado, con mi trabajo bajo relación de dependencia en una empresa de tecnología argentina y a su vez emprendiendo en mi reciente revista digital "La Energuía"; me siento spiderman en mi multiverso. Por otro lado, mis prácticas de yoga, la creación y consolidación de buenos hábitos como la alimentación saludable, la lectura frecuente y el tiempo lejos de las pantallas, como así también el tiempo de calidad con los míos.

No solo por el logro en encontrar ese punto medio es que me encuentro bien sino también por rescatar algo sobre lo que no había reflexionado antes: la acción guiada, tópico que quiero acercarte hoy

Si no me conoces, te cuento, soy una persona muy ligada al mundo espiritual ya hace unos 8 o 9 años y estoy formada académicamente como Comunicadora Social, y también como maestra en reiki e instructora de meditación. Una vez más, el multiverso y mi pie para introducirte en el tema principal.

Considero que hay dos tipos de accionares en el ser humano, la guiada y la pensada. La primera relacionada a la intuición y la conexión con otros planos superiores y la segunda, 100% mental y práctica.

¿Alguna vez tuviste que tomar una decisión importante y no supiste si hacerle caso a tu corazón o a tu mente? ese es el ejemplo más cercano que tengo para darte y para que de a poco entendamos de qué se trata.

Por mi parte, si bien como te conté estoy muy ligada al mundo espiritual, dudé muchas veces de esa corazonada y decidí seguir a mi mente, tomando decisiones que no estaban alineadas a mi ser y que no me permitieron no solo expandirme sino tampoco disfrutar de los procesos y objetivos.

No pude sacarle el jugo a la experiencia y tampoco lo sentí orgánico. Todo lo contrario, lo sentí pesado, ajeno, forzado, como si estuviera viviendo algo que no era para mi: como si estuviera viviendo una vida que no me correspondía o más extremo: otra vida. Y eso ocurre cada vez que tomo decisiones 100% mentales, pensadas.

Con esto no quiero decir que está mal ser práctico, analítico y planificador, sino que está bueno abrirnos también a tomar decisiones que vengan de adentro, para así poder romperla afuera.

Eso me pasa desde que mezclé ambos mundos en el proyecto personal que te conté anteriormente. Mi revista es producto de un largo proceso pensado y guiado, en ambas direcciones. Nació desde lo mental, en pandemia, en mi cama también, y se completó desde la intuición, este año, de un día a otro, casi mágicamente. Y hoy la siento más ligada al segundo grupo, soltando el control de todo, fluyendo con las ideas que vienen de repente, con las personas que conectan con la idea y quieren sumarse a la aventura de escribir en ella y el disfrutar del camino, aunque tan trillado suene, es lo mejor que me pudo haber pasado a mis casi 30 años. ¿Ya dije que cumplo 30? ️¡es que quiero acostumbrarme!

Hoy te invito a que pienses en esto cada vez que tengas que tomar una decisión o mismo cuando surja una idea ¡de la nada! que te asombre y haga tambalear.

 

Gracias por leer hasta acá y acompañarme, espero, desde tu cama también.

¡Hasta la próxima!

Abrazo de osooo

PD: Si te gustó, no te gustó, queres decirme algo, escribime ¡será un placer charlar con vos!

Una mañana me levanté con una idea en mente

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