Ideas apasionadas

El condimento que se necesita para conectar

Hace unos años me contactó a través de Facebook una persona que no veía desde hace mucho tiempo: Hola! Cómo estás? tanto tiempo! fue su mensaje. Sinceramente me pareció raro pero le respondí porque en su momento había buena onda, no llegamos a ser amigos pero viajábamos todas las mañanas juntos ya que íbamos al mismo secundario. Todo bien!! acá ando, vos? Fue mi respuesta.

Dos semanas más tarde, después de hablar día por medio, ya estábamos merendando en mi casa, junto a su pareja. Ellos venían con una idea y yo solo pensé que estábamos retomando un vínculo. Y antes de que pienses algo raro, jajaja, no, no vinieron a ESO.

Te suena, ¿queres ser tu propio jefe?, porque de eso se trata. Los muchachos en cuestión fueron a mi casa a proponerme un negocio, piramidal, claro. En ese momento yo tenía siete años menos que ahora y era bastante ingenua. No entendía mucho de qué se trataba y los escuché. También los acompañé a una especie de convención que ¡oh casualidad! se hacía a tres cuadras de casa. Y hasta Casi acepto "afiliarme", casi, pero faltó.

¿Qué faltó para convencer a esa Ferni de 22 casi 23 años? PASIÓN.

Su discurso era muy bueno, ¡ojo!, y estaban muy bien preparados. Él venia de estudiar en la Universidad, había fundado su propio proyecto gastronómico y le iba muy bien. A su vez, estaba muy interesado en la empresa piramidal, como era muy curioso leía mucho e iba a cada convención que hacían en GBA y CABA. Ella por su lado, una chica muy inteligente también, lo acompañaba y apoyaba en cada decisión.

¿Por qué digo que le faltó pasión al mensaje? Porque la información que recibían ambos era de personas que formaban parte del negocio pero que no eran el negocio. Personas que habían crecido dentro de la empresa, personas que estaban motivadas y querían ganar cada vez más dinero pero al fin y al cabo esos mensajes que transmitían de segunda, tercera, cuarta, quinta e incontables líneas, ya habían perdido la profundidad y no estaban siendo muy bien contados.

Era un teléfono descompuesto. . .

¿Con esto digo que es imposible transmitir ideas de colaborador a colaborador? Por supuesto que no, no lo creo así. Todo lo contrario, confío en las ideas bien contadas, con la misma pasión y la misma fuerza que el creador de las mismas, tienen GRAN IMPACTO.

El desafío está en ser conscientes de las palabras que utilizamos porque cada una de ellas hacen la diferencia en la composición del mensaje. Claro que cada uno tiene la libertad de interpretar y decodificar el mensaje como quiere y como entiende pero a la vez, el interlocutor tiene el camino casi ganado si elige las palabras estratégicas para que ese mensaje no se pierda y se pueda seguir transmitiendo, sin generar ese ruido en el pasaje.

Hace dos días se sumó una nueva integrante en el proyecto que estoy liderando. Una persona que no conocía. Una persona que no me conocía ni me había escuchado. Pero ¿saben lo que escuchó? escuchó mis ideas ¡de segunda mano! y las escuchó tan pero tan bien que confió y se sumó al barco. La persona que le contó el mensaje lo escuchó de mi y lo pudo transmitir con la misma pasión que aquella vez en la que nos reunimos en meet para hablar del negocio.

Hoy sueño con que las ideas no solo sean apasionadas, como el título marketinero que intenté ponerle a este artículo, sino también con el poder transmitirlas con la profundidad que se merecen, con consciencia, cuidado y sobre todas las cosas: pasión. ¿Lo dije muchas veces no?

¿Queres ser tu propio jefe?

Me voy a dormir.

 

Abrazo de osooo

El condimento que se necesita para conectar

Te puede interesar
Cerrar X